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El inicio de la leyenda del fénix [PRESENTE] [FIC]

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El inicio de la leyenda del fénix [PRESENTE] [FIC]

Mensaje por Suzaku Shakkin el Miér 18 Dic 2013, 07:44

Hace al menos ya dos años que he llegado al Reino de Bliss, después de escapar del carpintero que me obligaba a trabajar de sol a sol por un mísero plato de garbanzos duros y resecos. He sido atraído por aquella isla en parte por el clima, soleado la mayor parte del año, salvo un par de días de nubes de tormenta; lo otro que me atrajo fue su gran paz y tranquilidad. Es un lugar apartado del South Blue, lejos de la Reverse Mountain y del Grand Line. A penas pasa nada extraño aquí, lo que me encanta. Después de una vida de aquí para allá, vagando por donde iba y mendigando un currusco de pan que llevarme a la boca, creo que he encontrado un lugar al que podría llamar hogar.

Me encuentro tumbado en una hamaca, en el jardín de una pequeña casita que me he comprado al borde del acantilado que daba fin a la isla. Es una casa preciosa: no demasiado grande, sí bien estructurada. Tiene dos habitaciones bastante amplias, un salón, cocina y cuarto de baño. El exterior de la casa está pintado de un precioso blanco puro, acompañado del rojo suave del tejado. Es una combinación perfecta. El sol reina en lo alto del cielo, sin ninguna nube que se rebele contra él. Debido a ello, mis ojos están cubiertos por unas gafas de sol. En la mano tengo un cóctel de diferentes bebidas alcohólicas, aunque se nota el predominio del whisky.

–– Esto es vida. –– digo, mientras me acomodo en la hamaca.

El tiempo pasa sin que me de cuenta. Las horas parecen minutos. Me siento volar en una nube. No hay preocupaciones. Pero algo me saca de mi Nirvana. Acaban de tocar a la puerta. Me incorporo y dejo el cóctel en la mesa que tengo al lado. Me estiro y me dirijo hacia la puerta, a recibir mi visita. Al abrir, veo un hombre vestido de uniforme que porta una bolsa. Es el cartero.

–– Hola, Suzaku. –– me saluda.

–– Hola, Buki. ¿Cómo te va? –– le contesto, mostrándole amabilidad.

El cartero se queda un momento pensativo. Parece que quiere decir algo serio, aunque tarda en hacerlo, como si no encontrara las palabras adecuadas para ello. Le hago un gesto con la cara, haciéndole ver mi intriga por el secreto que esconde.

–– Ha llegado esta carta para ti del banco. –– me dice, sacando algo de su bolsa. –– Te quitan la casa por impago.

–– ¿¡Qué!? –– exclamo, alterado, cogiendo con rapidez la carta que Buki acababa de sacar.

La abro rápidamente, rompiendo el sobre. Estiró el papel y leo lo que pone. Efectivamente, me embargaban la casa por impago de las facturas. No doy crédito a lo que leen mis ojos. Y, lo peor de todo, es que estoy sin blanca. No tengo dinero para pagar, así que me resigno a la resolución del banco. Miro al cartero y le hago un gesto con la cabeza para que se vaya. Me apetece estar sólo. Éste se va en silencio, despidiéndose levantando la mano. Yo me quedo ahí de pie, leyendo y releyendo la carta. Finalmente, la rompo en mil pedazos y la tiro al suelo. Suspiro.

¿Cómo voy a pagar esto ahora?, pienso, mientras miro al cielo.

Como una respuesta proveniente de los mismos dioses, un papel cae del cielo, justo delante de mis pies. Miro hacia arriba, extrañado. Luego me agacho y cojo el papel. Es un cartel de Se busca, con la cara de un revolucionario bastante feo. Le faltan dos dientes, tiene una oreja cosida y a penas tiene pelo en la cabeza. Pero todo eso no es lo que más me llama la atención. Debajo de su cara, estaba la cantidad que ofrecían por él. No puedo creérmelo. Son 300.000 Berrie, justo la cantidad que le debo al banco. Me meto en casa, aún con el cartel de Se busca en las manos. Al entrar, lo dejo en la mesa y salgo a por el cóctel, sin que la cantidad de berries deje de rondar por mi cabeza.

300.000... 300.000...

Seguramente no sea algo difícil capturar a ese revolucionario y llevarlo a un cuartel de la Marina. Allí me darían la recompensa que necesito y podría pagar mis deudas, para no perder la casa. Y gracias al poder que me confirió consumir una Akuma no mi, la tarea sería incluso más fácil. No dejo de mirar el cartel mientras bebo. Saco un cigarrillo del paquete que está sobre la mesa y, con mi dedo, lo enciendo.

–– Raitā. –– digo, a la vez que mi dedo se convierte en fuego.

Le doy una profunda calada al cigarro, notando como baja por mi garganta. Aunque aún no me he dado cuenta, desde el momento en el que el cartel de Se busca cayó a mis pies, mi vida ha cambiado para siempre, y aún no se ni hasta qué punto. Me acabo tanto el cigarrillo como el cóctel en abrir y cerrar de ojos, y, tras vestirme, pongo rumbo hacia la ciudad principal de la isla. Tengo que comprar algunos suministros antes de partir. Una vez allí, me dirijo al mercado.

–– ¡Compren, compren! ¡La mejor calidad al mejor precio! –– grita uno de los mercaderes para llamar la atención de los posibles clientes.

–– ¡No se lo piensen! ¡Estos productos son su mejor opción! –– grita otro.

El mercado siempre ha sido la zona más animada de todo el Reino de Bliss. La gente del lugar pasea por sus calles, buscando la mejor oferta par el producto que necesitan. Los mercaderes, a sabiendas de ello, compiten entre ellos para poner la mejor oferta y conseguir más clientes. Al fin y al cabo, todo es negocio, y un negocio busca maximizar sus beneficios sobre cualquier otra cosa. Camino por los puestos mientras cada mercader intenta tentarme para que le compre a él y no a los demás. Pero tengo muy claro qué es lo que necesito. Casi al final del mercado hay un puesto con mochilas de viaje, para los excursionistas y aventureros.

–– Buenas, quería comprar una mochila de treinta litros. –– le digo al mercader.

–– Claro. Tengo justo lo que necesitas.

El mercader se da la vuelta para coger una mochila que tiene bajo el mostrador del puesto. Cuando la veo, me doy cuenta de que es la mochila perfecta para lo que necesito. Saco mi cartera para pagar, pero tengo diez berries menos de lo que cuesta. El mercader, al darse cuenta, me sonríe y niega con la cabeza, ofreciéndome la mochila.

–– Muchísimas gracias. –– le digo, haciendo una reverencia.

–– Algún día me cobraré la deuda de esos diez berries.

Y ríe. Me asombró ver cómo aún podía haber alguien tan amable en el mundo de locos en el que vivimos. Me hago la promesa a mi mismo de que, tarde o temprano, le pagaré el dinero que le debo. Y, si las cosas me salen tal como las tengo pensadas, le pagaré mucho más que diez simples berries. Una vez comprado lo que necesito, me dirijo de nuevo hacia mi casa. Es un paseo tranquilo, al igual que el que he hecho hace un rato. Al llegar, empiezo a llenar la mochila de víveres, suministros y demás cosas. Lo último que meto es el cartel de Se busca que iba a salvar mi casa... mi hogar. Miro a todas partes para comprobar si se me olvida algo. Al ver que no, me cuelgo la mochila a la espalda y salgo de mi casa. La verdad es que no necesito ningún tipo de transporte para viajar de un lugar a otro, lo que me da mucha ventaja para no tener que pagar nada a nadie ni preocuparme de encontrar a alguien que me lleve. Miro por última vez a mi casa. Me da bastante pena alejarme de ella, pues ha sido mi hogar durante los últimos años, pero si no lo hago, es seguro que el banco se quedará con ella,y es algo que no puedo permitir. Aseguro la mochila sobre mis hombros. Primero, miro a un lado y a otro para asegurarme de que no había nadie allí. No quería que la gente supiera cuál era mi poder, por si me veían como a un bicho raro. Luego, miré hacia el cielo. Ahí arriba es donde realmente me siento libre, moviéndome entre las nubes, viendo el mar bajo mis pies y sintiéndome el rey del mundo. Suspiro un par de veces, y me convierto en un gran fénix hecho puramente de fuego. El color del fuego es azul, con llamas que salen hacia todas partes, pero sin quemar nada. Bato las alas un par de veces para remontar el vuelo, y luego comienzo a ascender a la vez que vuelo hacia delante. La sensación es maravillosa, y mi aspecto en forma completa de fénix, majestuoso. Gracias a mi experiencia como navegante, no necesito ningún tipo de brújula. Mi sentido de la orientación está lo bastante desarrollado para saber claramente cuál es mi destino y dónde se encuentra. Me meto entre las nubes, para que la gente no me vea. Es algo increíble. Mi destino está fijado: encontrar al revolucionario cuya cabeza valía 300.000 berries y pagar las facturas de la casa, para poder volver a vivir tranquilo en ella. El lugar es Centourea.


OFF:
Mi viaje es de Reino de Bliss a Centourea.


Última edición por Suzaku Shakkin el Miér 18 Dic 2013, 08:03, editado 1 vez (Razón : Corrección ortográfica)
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