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[Diario de viaje]Una isla perdida, la muerte y la llegada.

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[Diario de viaje]Una isla perdida, la muerte y la llegada.

Mensaje por Yûki Jin Tôryû el Mar 24 Dic 2013, 03:11

Me encuentro en una isla en ruinas, lo que parece ser el resquicio de un antiguo reino, que por lo que se aprecia en la isla era un reino grande y de una importancia considerable. Pero ahora solo restan ruinas, pedazos sueltos de lo que antaño habrá sido una espléndida ciudad, pedazos que si unen se puede tener una leve imagen de lo que habría sido en el pasado, básicamente el diseño de la ciudad, las calles, su distribución y diseño.

El motivo de mi estancia en esta isla es banal, tenía intención de ir a una isla del South Blue llamada isla Karate, pero el barco en el cual me colé para viajar naufragó en las cercanías de esta isla y el único superviviente fui yo, pues mientras los demás se encontraban dormidos en sus camarotes y la tripulación se disponía a avisarlos yo salté al mar y nadé hasta la costa de la isla, de ese modo me salvé de una muerte segura pues el barco impidió la salida de los demás, dado que yo había cerrado todas las salidas, no tenía necesidad de que salieran con vida y me dieran cacería, así, la vida de aquellas veinte personas llegó a su fin.

Desde el naufragio, varias semanas atrás, me pasé los días, las horas pensando en una forma de llegar a mi verdadero destino, pero por mucho que pensase no se me ocurría nada, hasta que un día, hará unos dos días, se me ocurrió, esperar en la costa a avistar un barco, fuera de quien fuera, y abordarlo, y usarlo para avanzar, sea por las buenas o por las malas, aunque realmente lo más seguro es que me inclinara por la segunda opción, las malas.

El momento de atacar es incierto, pero he de seguir mi entrenamiento y de preparar las cosas para el abordaje, por lo que reúno unas cuantas materias primar para poder elaborar un medio de abordar un barco que pase por el mar, y reúno troncos robustos y ramas maleables y resistentes, cuerdas y lianas y rocas, todo esto serviría para formar el artilugio que usaría para poder alcanzar el barco, estuviera lo lejos que estuviera.

Día tras día preparo el sistema de contrapeso, atando a un extremo de las ramas las rocas pesadas, todo unido a un sistema de soporte formado por los troncos más robustos y resistentes, y con las cuerdas y lianas doblo las ramas formando una plataforma en la que me podría subir sin problema alguno, y que actuaría a modo de catapulta para impulsarme en el aire hasta el barco.

Poco tiempo más me toca esperar, pues a los dos días de haber terminado con la construcción del artilugio, un barco aparece en esa misma costa, es un barco de tamaño considerable, al parecer transporta pasajeros de una isla a otra, otro de muchos trabajos poco originales en este mundo. Tras un leve cálculo de distancia, parábola y potencia tomo carrerilla, una distancia suficiente como para lograr un impulso lo suficientemente potente como para caer sobre el barco o lo más cerca del mismo.

Empiezo a correr lo más veloz que puedo, hasta llegar cerca de la catapulta y salto sobre ella, cortando la cuerda poco después de que la rama llegara al tope de descenso, logrando así un impulso que me lanza por los aires, trayecto en el cual observo que, de hecho, el barco va tripulado por una gran cantidad de personas, personas que entorpecen mi plan, pues pueden perturbar mi rumbo.

Segundos después caigo en la parte más lejana de la proa, en la punta de la popa del barco, en estos momentos vacías, algo que me da ventaja, aunque pequeña, me la da. Empiezo a moverme sigilosamente por el barco, desde la popa a la zona interna, donde veo un único compartimento en forma de pasillo con unas diez puertas, puertas que voy abriendo una tras otra, y tras la mitad vacía, empiezan a aparecer personas, tres en cada uno de los camerinos siguientes, bueno, ahora tres cadáveres pues camarote con personas, camarote que es lugar de asesinatos por degollamiento.

Así empiezo a eliminar personas, dejándolas en sus camarotes, al menos las que se encuentran en ellos, y salgo a cubierta en la zona de proa, lugar en el que se encuentran otras 45 personas, las cuales, al parecer tienen entrenamiento militar, o son marines, pues se lanzan hacia mí empuñando katanas y tratando de asesinarme, cosa tonta porque en pocos movimientos logro librarme de ellos al tiempo que sus cuerpos van cayendo uno tras otro formando un camino hasta que termino con el último de ellos.

Poco tiempo me duraron en la pelea, pero mi cuerpo no se cansa, pues no tuve que esforzarme en demasía para librarme de los vanos y fútiles intentos de los pobres en acabar conmigo. Me dirijo al timón, y lo giro hacia una ubicación al azar, contando que acabase por llevarme a la isla karate, pero de pronto una voz me sorprende.

¿¿?? – “Estás perdido, informaré a la marina de esto”

Una sonrisa se esboza en mi rostro mientras con un giro me encaro a esa persona y con un simple agarrón le clavo las púas en la muñeca

Yûki – “¿Quién eres? Responde y llévame a Isla Karate.”

Le digo mientras lo pongo al timón y él empieza a girarlo hasta detenerlo en un rumbo y decirme

¿¿?? – “Soy un marine que estaba de escolta en este barco y ya estás en rumbo, si mantienes el timón fijo llegarás a la isla.”

Sonreí nuevamente

Yûki – “Bueno, ya que no te necesito más es la hora de evitar que me estorbes”

Digo justo antes de golpearle la columna con los guantes, dejándolo en el suelo, seguramente muerto. Mientras espero a que el barco arribe a la isla me siento a descansar. Pasan los días y el barco avanza recto, sin variar su rumbo, hasta que a lo lejos se ve una silueta, la silueta de una isla, seguramente mi verdadero objetivo.

Yûki – “Primer paso completado, siguiente, Grand Line”.
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